Los retos de la Unidad Popular tras las elecciones municipales y autonomicas.

2 junio 2015 – 20:28

 

 

El panorama político que dejan las ultimas elecciones municipales y autonómicas en España es por primera vez en muchos años alentador para las fuerzas del cambio y la transformación social. El bipartidismo entre el PSOE y el PP consagrado en la llamada “transición” de la dictadura franquista a la democracia -plasmado en la Constitución monárquica de 1978- se ha quebrado definitivamente y por primera vez desde la II República –en 1931- existen condiciones para construir una alternativa popular que sea mayoritaria. Depende del acierto de las fuerzas populares que el bipartidismo funcional al capitalismo nunca mas vuelva a ser hegemónico.

La gravedad de la situación económica y las movilizaciones sociales habidas en los últimos años en España contestando las políticas neoliberales de recortes sociales y trasferencia de la riqueza social social a la oligarquía económica -en especial al sector financiero- , la llamada “crisis económica”, ha sido la premisa política sobre la que se han comenzado a construir alternativas de unidad popular, diferentes todas ellas, pero unidas por la común aspiración de demostrar que realizar otras políticas para crear un nuevo país es posible en España.

Izquierda Unida analizó la situación política en las IX y X Asambleas federales (2008 y 2011) y teorizó acertádamente la puesta en marcha de una amplia estrategia de convergencia entre fuerzas políticas, movimientos sociales y sectores en resistencia al neo liberalismo, una estrategia que permitiera convertir en mayoría política lo que ya era una mayoría social que padecía los recortes sociales y la crisis económica provocada por el neo liberalismo. Sin embargo, una inercia política continuista y suicida motivada por el miedo a un nuevo escenario político en el que nada estaba escrito -salvo que la izquierda dejara de ser fuerza vocacionalmente minoritaria-, impidieron llevar eficazmente a la practica la política acordada mayoritariamente en las dos Asambleas referidas, con el apoyo en ambos casos de mas de un 90 % de los delegados y las delegadas participantes.

El miedo de muchos dirigentes a una imprescindible renovación que les pudiera hacer perder sus mediocres estatus institucionales, la sumisa aceptación del papel de fuerza política minoritaria heredada del euro comunismo por la izquierda española, o la pereza para acabar con el inoperante funcionamiento de partido clásico que piensa mucho en las instituciones y poco en los ciudadanos, hicieron que Izquierda Unida -una fuerza política que sin embargo desde su creación se ha definido como movimiento político y social, en la que conviven distintos partidos como el PCE- se negara a aceptar el evidente anhelo de cambio del pueblo, tachando incluso de revueltas infantiles, pequeño burguesas y puntuales, a muchas de las movilizaciones que surgían en el país fruto de un profundo descontento social. Un nuevo ciclo político se estaba iniciando. Una nueva mayoría social constataba que un cambio profundo en los gobiernos y en las políticas de éstos le permitiría mejorar, antes que empeorar, una situación social que ya era obviamente trágica. La dirigencia de IU confundió los recesos puntuales en unas movilizaciones sociales y políticas sostenidas de forma irregular pero constante desde 2008, -en un permanente contexto de escasa capacidad de movilización de unos sindicatos cada vez mas complacientes con el sistema y menos ambiciosos en sus reivindicaciones-, con la supuesta desmoralización política de todo un pueblo.

En ese contexto y por esos motivos surgió Podemos, como nueva fuerza política aplicada a canalizar políticamente el descontento social que inundaba las calles desde que el movimiento de los indignados las inundara el 15 de mayo de 2011. Un nuevo partido que supo hacer bandera de las reivindicaciones del 15M, presentarse con una nueva forma de hacer política y enviar un mensaje de esperanza a una sociedad que buscaba desesperadamente opciones que representaran sus aspiraciones. Desde sus inicios, mas que un estrategia política, Podemos ha desplegado una brillante estrategia de comunicación, construyendo una mensaje no muy riguroso pero capaz de sintonizar con amplios sectores sociales, incluidos sectores conservadores pero también castigados por la crisis económica. Podemos es el resultado de la incapacidad de Izquierda Unida para leer el momento político, para entender el cambio de ciclo político provocado por la masiva des posesión de derechos -económicos y sociales pero también civiles y políticos- a la que las políticas neo liberales han sometido al pueblo español. Cuando en la lucha política las fuerzas transformadoras dejan espacios vacíos, surgen inevitablemente nuevas fuerzas que los ocupan, es pura dialéctica. Tras su surgimiento en mayo de 2014, coincidiendo con unas Elecciones Europeas en las que la nueva formación política obtuvo mas de un millón de votos sin apenas estructura ni recursos económicos, la intención de voto en las encuestas hacia Podemos se ha ido incrementando de forma constante a la vez que descendía la intención de voto a Izquierda Unida, al Partido Socialista (PSOE) y al Partido Popular (PP), llegando a situarse en torno a un 25% a principios del año 2015.

Con un discurso que omitía carga ideológica, Podemos se mostraba como una imparable maquinaria electoral que estaba capitalizando el descontento político tanto entre los votantes de la derecha como de la izquierda, si bien es cierto que ha mantenido en todo momento un programa anti crisis y reivindicativo de los derechos sociales y económicos para todos, pero no necesariamente anti capitalista. Elaboró y aprobó una estrategia político-electoral que solo contemplaba la opción de convertirse en fuerza mayoritaria en España y poder gobernar el país en solitario. Para ello no dudó en desacreditar -mas que justificadamente- a la derecha o a la socialdemocracia, pero también a otras fuerzas políticas, -incluidas las de la izquierda alternativa y transformadora, que en la mayoría de los casos con sus erráticas actuaciones se lo pusieron muy fácil-, generalizando para todas ellas el epíteto de “casta” y sin diferenciar en justicia a quienes durante años y en solitario habían denunciado y luchado contra las políticas económicas liberales y la usurpación de derechos al pueblo. En esos momentos podían hacerlo con absoluta impunidad y efectividad.

Podemos ha contado desde su surgimiento y hasta hace pocos meses con una amplia difusión de sus propuestas, sus actuaciones y de sus dirigentes, por parte de los grandes medios de comunicación privados, a los que con una hábil -brillante, mejor dicho- estrategia de comunicación social, supo ganarse en un primer momento. Hasta que los dueños de éstos percibieron que quizás tanta proyección no beneficiara a sus intereses económicos y políticos, aunque Pablo Iglesias hiciera subir los indices de audiencia de cualquier programa en el que interviniera.

El sistema -capitalista, por supuesto- ha reaccionado pronto y ha buscado una alternativa al Partido Popular, una nueva fuerza de derechas, pero renovada, “moderna” desprovista del peso de la corrupción que ha inundado con sus excrecencias a todo el partido del Gobierno, útil para que el desencanto con la derecha no sea capitalizado por la izquierda. “Ciudadanos” es un partido creado de la nada, en general repitiendo las acertadas técnicas de comunicación social que en poco tiempo auparon a Podemos desde el desconocimiento del gran público a ser considerado un alternativa real de gobierno. Su líder, un joven y telegénico abogado que trabajaba en la unidad hipotecaria de un gran banco -es decir, echando de sus casas a quienes no podían pagar la hipoteca, “desahuciando” a las familias- , ha sido paseado sistemáticamente por los mismos platós que antes recibían a Pablo Iglesias. El resultado ha sido un descenso en la intención de voto a Podemos y un correlativo incremento de la intención de voto a Ciudadanos.

Los resultados electorales en las elecciones autonómicas del pasado 24 de mayo -elecciones regionales, celebradas en 13 de las 17 comunidades autónomas del Estado- han puesto de manifiesto la quiebra del bipartidismo y han dado lugar al reparto del poder político entre cuatro partidos políticos fundamentalmente: PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos. Por el contrario Izquierda Unida y Unión Progreso y Democracia (UPyD) -demagógica fuerza nacionalista,“españolista”, surgida al comienzo de la crisis- han visto reducida sensiblemente su representación política. El Partido Popular ha sido el mas votado, con una media aproximada de 27%, seguido del PSOE con un 25%, Podemos un 14% , Ciudadanos un 7%, e Izquierda Unida un 4,7%, todo ello sumando el voto emitido en las 13 comunidades autónomas donde ha habido elecciones. El resto de votos ha ido a parar a fuerzas nacionalistas de las comunidades autónomas “históricas” donde se celebraron elecciones: Comunidad Valenciana, Baleares y Canarias. Si bien el Partido Popular ha sido desplazado de importantes gobiernos autonómicos, como la Comunidad Valenciana, Extremadura y probablemente Baleares, ha resistido en otras regiones también importantes como la Comunidad de Madrid o Castilla-León, donde previsiblemente conservará los gobiernos.

Sin embargo los resultados electorales en las elecciones municipales -elección de Alcaldías- que simultáneamente se han celebrado en toda España, han sido bien diferentes, mucho mas favorables para las fuerzas del cambio político. Ha sido en estos ámbitos locales donde se han trabajado y construido, de forma muy descentralizada, innumerables candidaturas de unidad popular y participativas. Tanto los procesos de conformación de las candidaturas como de elección de los candidatos han ido precedidos de intensos debates populares abiertos y asamblearios, con altos niveles de participación entre los movimientos sociales, fuerzas políticas y ciudadanos a título particular que no estaban organizados hasta ahora.

Mientras que en las elecciones autonómicas Podemos ha concurrido con sus propias listas haciendo inviables procesos unitarios, en las elecciones municipales -Podemos no tenia capacidad para presentar 8.000 candidaturas municipales, tantas como municipios hay en España- han proliferado candidaturas de unidad popular, como “Barcelona en Común”, “Ahora Madrid” o “Marea Atlántica”. Y han resultado vencedoras en ciudades tan importantes como Madrid, Barcelona, Zaragoza, Coruña o Santiago de Compostela, entre otras alcaldías que van a ser gobernadas por la unidad popular. En la mayoría de esta candidaturas han confluido Podemos -no siempre de buena gana-, Izquierda Unida, fuerzas de la izquierda nacionalista, formaciones políticas ecologistas, movimientos sociales, y ciudadanos y ciudadanas que por fin se han decidido a ser protagonistas del cambio político.

Simultáneamente al proceso de conformación de las candidaturas municipales, Izquierda Unida se ha visto atravesada por una profunda crisis política, en parte por resistencias internas a confluir en los nuevos espacios de unidad popular, pensando en muchos lugares que simplemente con ostentar la denominación de “izquierda” y presentar una tradición de luchas y resistencias encomiable, los trabajadores y otros sectores populares que padecen la crisis irían a reconocerla como su legitima representante. Los resultados en aquellas ciudades donde Izquierda Unida ha concurrido en solitario han sido malos o mediocres para esta fuerza política en términos generales, salvo la excepción de Zamora, capital de la provincia castellana del mismo nombre, donde Izquierda Unida ha ganado las elecciones municipales. La evidente conclusión es que en la elecciones locales, en toda España, el resultado ha sido abrumador en respaldo a los procesos de unidad popular, constatándose que el pueblo confiá en los procesos de unidad y se identifica con ellos. Así, por ejemplo en la ciudad de Madrid, mientras que la candidatura de unidad popular “Ahora Madrid” – en la que participaban, entre otros, una parte mayoritaria de Izquierda Unida de Madrid que se había comprometido con los procesos de unidad popular, y Podemos- ha obtenido un 32% del voto emitido, la candidatura presentada por Podemos en las elecciones autonómicas en la Comunidad de Madrid obtuvo un 18% de voto, y la presentada por Izquierda Unida un 4,7%. El pueblo ha primado los procesos de unidad popular tanto como para hacerlos ganadores en las mas importantes ciudades españolas, multiplicándose el apoyo y la influencia de las fuerzas políticas que se han integrado en estos procesos respecto al apoyo que dichas fuerzas han obtenido en las elecciones autonómicas, a las que concurrieron por separado permitiendo así una nueva victoria del Partido Popular.

Los resultados de las elecciones municipales sin duda abren importantes expectativas para las Elecciones Generales -elección del Senado, del Congreso de Diputados y por éste del Presidente del Gobierno- que se celebrarán a final de Noviembre de 2015. El reto es consolidar los procesos de unidad popular y construir una candidatura a la Presidencia del Gobierno que esté en condiciones de ganar las elecciones. Este objetivo, impensable en España hace 5 o 6 años, ahora está al alcance de la mano si las fuerzas políticas anti neo liberales y populares son capaces de comprometerse con la construcción de esa unidad popular que exigen los millones de españoles y españolas indignadas con las políticas de usurpación de la riqueza colectiva puestas en marcha por la oligarquía europea, con la criminal excusa de una “crisis económica” que ellos mismo han provocado para su mayor enriquecimiento.

Enrique Santiago Romero

Integrante de la Comisión Ejecutiva Federal de Izquierda Unida

Integrante del Comité Ejecutivo del Partido Comunista de España.

Comparte esta entrada:
  • Print this article!
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Bitacoras.com
  • FriendFeed
  • Meneame
  • MySpace
  • Turn this article into a PDF!
  • RSS
  • Technorati
  • Twitter
  • Wikio
  • E-mail this story to a friend!
Enviar a Meneame

Introduce el comentario