La defensa de los derechos humanos y la lucha contra el imperialismo son inescindibles.

11 julio 2011 – 20:11
Alejandro Teitelbaum

I. La agresión imperialista contra Libia encabezada por Francia, Gran
Bretaña y Estados Unidos ha puesto una vez más de manifiesto la
desorientación imperante en buena parte de la izquierda y en los
“progresistas” de diferentes matices, cuyo pensamiento y opiniones
aparecen moldeados por la hegemonía ideológico-cultural del capitalismo,
ataviado para la ocasión con los ropajes del “derechohumanismo”.

Algo parecido ocurrió con las agresiones contra Irak y Yugoslavia: no
había que condenarlas porque hacerlo implicaba apoyar a dictadores como
Saddam Hussein y Milosevich.

No nos referimos aquí a la actitud de los socialdemócratas que apoyan la
agresión desde el Gobierno (activamente la España de Zapatero y la
Grecia de Papandreou, desangrada por el capital financiero
transnacional) o desde las oposición, como es el caso del Partido
Socialista francés.

Algunos grupos y partidos autoproclamados de izquierda y
anticapitalistas, saludaron la “primavera árabe” en Libia y después
matizaron su análisis denunciando la agresión de las grandes potencias,
desencadenada con el pretexto de “proteger a los civiles”.

Otros grupos y personas, también autoproclamados de “izquierda” -muy
pocos a esta altura de los acontecimientos pues la agresión se ha hecho
masivamente impopular incluso en los Estados agresores- mantienen su
apoyo a los rebeldes pero además justifican, en nombre de los derechos
humanos del pueblo libio, la agresión imperialista.

Y aceptan como verdades irrefutables la versión de los hechos
transmitidas por los grandes monopolios de la des-información.

Kadafi sería un loco furioso que ha saqueado a su país y tiene miles de
millones depositados en Bancos extranjeros. Cuando sus tropas estaban a
las puertas de Bengasi el Consejo de Seguridad resolvió crear una zona
de exclusión áerea sobre Libia e inmediatamente la aviación francesa
comenzó a bombardear las tropas de Kadafi estacionadas frente a Bengasi,
evitando así el genocidio de su población, inminente según la
información de las grandes potencias y de los monopolios mediáticos a su
servicio, siempre digna de fe para estos derechohumanistas con anteojeras.

Los rebeldes, por su parte serían luchadores por los derechos humanos,
sedientos de libertad y de democracia y no un conglomerado heteróclito
que incluye en su cúpula a ex altos dirigentes del régimen de Kadafi,
responsables de graves violaciones a los derechos humanos.

II. Libia es un país casi totalmente desértico a excepción de una
estrecha franja litoral (1770 kilómetros de costa) , donde se encuentran
los principales núcleos de población del país .

Tiene 6.500.000 habitantes (un millón a fines de la Segunda Guerra
Mundial, la mayoría nómades) y una superficie de 1750000 kilómetros
cuadrados. Actualmente Trípoli tiene unos dos millones de habitantes,
Bengasi un millón, Misurata 480.000 y Tobruk 200.000.

Tiene yacimientos de petróleo de excelente calidad que constituye su
casi exclusiva fuente de recursos y se supone que dispone de grandes
reservas inexplotadas y aun no detectadas.

Su otra riqueza natural es el agua. Bajo una superficie seca y casi
desértica en casi todo el territorio existe una gigantesca reserva de
agua fósil potable estimada en 150.000 kilómetros cúbicos, llamado
Acuífero de Nubia que cubre unos 2 millones de kilómetros cuadrados y
abarca partes del Chad, Egipto, Libia y Sudán.

En 1983 se comenzó en Libia un proyecto de irrigación, conocido como el
Gran Río Artificial, para utilizar esas reservas subterráneasa fin de

llevar más de cinco millones de metros cúbicos de agua por día a las
ciudades costeras. Actualmente, el Gran Río Artificial suministra agua
potable y para irrigación al 70 por ciento de la población, llevándola
del acuífero del sur a las áreas costeras del norte, a las ciudades de
Trípoli, Tobruk, Sirte, Bengasi y otras. Con un costo estimado de 30.000
millones de dólares financiado con la venta del petróleo, la red del
Gran Río Artificial, con casi 5.000 kilómetros de tuberías desde más de
1.300 pozos cavados hasta 500 metros de profundidad y estaciones de
bombeo en el desierto del Sahara, también tiene por objeto aumentar la
cantidad de tierras cultivables. Además, el agua es muy barata: 35
centavos de dólar el m3.

Apoderarse de esa enorme reserva de agua potable también está en la mira
de las potencias imperialistas, mandatarias de transnacionales como la
ex Lyonnaise des Eaux (Grupo Suez) y otras, que tienen el control de la
mayor parte de los recursos hídricos en todo el mundo.

Si el propósito de Kadafi fuera aniquilar a la población de Bengasi,
tiene a su alcance el simple recurso de cortar el suministro de agua a
la ciudad.

Desde 1990 el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)
publica un Índice de Desarrollo Humano donde establece una clasificación
de los países del mundo en base a varios parámetros que hacen a la
calidad de vida de las personas, entre ellos la educación, la esperanza
de vida, la salud y los ingresos y tiene en cuenta esos parámetros por
género. No tiene en cuenta los llamados índices de libertad humana. El
índice de 2010 incluye a 169 países y Libia ocupa el lugar 53 con un
índice 75 (en ascenso con relación a años anteriores) de una escala
sobre un máximo teórico de 100. Noruega ocupa el primer lugar con un
índice 93. Libia tiene el índice más alto de África, seguida de cerca
por Argelia, Mauricio y Túnez y en América Latina sólo la superan Chile
(78,3) , Argentina (77,5) y Uruguay (76,5) en los puestos 45, 46 y 52
respectivamente. México y Cuba están aproximadamente al mismo nivel que
Libia.

De modo que Libia es un país de desarrollo humano medio, alcanzado
merced a una buena utilización de su renta petrolera pero con un grave
déficit en materia de derechos civiles y políticos, estimados
objetivamente, y sobre todo según los criterios de evaluación de los
países occidentales “civilizados”.

III. Después de la “reconciliación” de Kadafi con Occidente, las graves
carencias de Libia en materia de derechos civiles y políticos no
incomodaron a las grandes potencias que recibieron con gran pompa al
líder libio, ansiosas de realizar buenos negocios, sobre todo la
obtención de concesiones petroleras, la venta de armamentos y hasta la
oferta por parte de Francia de la construcción de una central nuclear.

Se concretaron así varias concesiones petroleras e importantes ventas de
armamentos.

Sólo en 2009 Gran Bretaña, Francia e Italia vendieron armas a Libia por
25, 30 y 111 millones de euros, respectivamente. Ese mismo año, figura
Malta en la lista de vendedores a Libia por 80 millones de euros. Malta
no tiene ninguna industria de armamentos y es evidentemente sólo un país
de tránsito. Por su parte Francia intentó vender a Libia los aviones
Rafale que fabrica Dassault. Los mismos que ahora utiliza para
bombardear Libia.

Pero Kadafi es un individuo imprevisible que al parecer comenzó a
proyectar la revisión de las concesiones petroleras y a promover la idea
de la autonomía financiera de África frente a las divisas de las grandes
potencias.

Además, las reservas petroleras y acuíferas de Libia son un botín que
aguza el apetito de los agresores. A lo que hay que sumar los depósitos
del Estado libio en Bancos extranjeros y las 144 toneladas de oro (unos
4 mil seiscientos millones de euros) que estarían depositados en Bancos
libios.

De modo que la “primavera” libia (preparada –sostienen algunos- por los
servicios franceses y probablemente en parte espontánea) era una buena
ocasión para establecer en Libia un gobierno “democrático” es decir
totalmente sumiso la voracidad occidental.

Pero la rebeldía no se extendió como un reguero de pólvora, como
esperaban los abanderados de los derechos humanos y hubo que utilizar la
hoja de parra de una resolución del Consejo de Seguridad para intervenir
militarmente a favor de los rebeldes.

Intervención que puede culminar, si no se hace sentir más la
impopularidad en los países agresores, no se acentúan las disidencias en
el seno de la OTAN y los agresores logran reunir las fuerzas
suficientes, en una invasión terrestre. Lo que dará por resultado
implantar el caos en Libia durante muchos años, como en Irak y
Afganistán y convertir toda la región en un polvorín a causa de la
diseminación de armamentos, como advirtió hace unos días el Presidente
de Níger, Mahamadou Issoufou.

IV. Más de cuatro meses de bombardeos aéreos (y ahora también navales)
ininterrumpidos es una forma de terrorismo internacional de Estado
destinado a minar la moral del enemigo, en especial de la población
civil. Italia lo practicó en Etiopía en 1935-36, Japón en China en
1937-39, Alemania e Italia durante la guerra civil española (Madrid
1936, Guernica 1937), Alemania nazi y los aliados durante la Segunda
Guerra Mundial (Varsovia, Rotterdam Londres, Dresde, Hiroshima,
Nagasaki, etc.). Estados Unidos lo ha empleado ampliamente en Vietnam,
Panamá, Iraq, Yugoslavia, Afganistán y nuevamente en Iraq.

Centenares de miles de trabajadores extranjeros (de otros paises de
África y de Asia) han tenido que huir de Libia, quedándose sin trabajo y
sin salario, con el cual contribuían al mantenimiento de sus familias en
sus países de origen. La economía de Libia está casi paralizada y las
víctimas civiles de los “bombardeos humanitarios” son numerosas en ambos
bandos.

La construcción de un barrio nuevo de Trípoli de 25.000 viviendas ha
quedado paralizada como consecuencia de la agresión.

Imposible conciliar estos hechos con el pretendido “derechohumanismo” de
los que quieren liberar a Libia de Kadafi desde Internet o desde los
cafés de Paris o de alguna otra capital europea. Quizás lamentan no
disponer, como los yanquis, de aviones (drones) teleguiados, para
bombardear ellos también a Kadafi desde el “living” de su casa.

El genocidio inminente de la población de Bengasi con el cual se
pretendió justificar el comienzo de los bombardeos (de hecho la aviación
anglofrancesa se convirtió en la fuerza aérea de una de las partes en
una guerra civil) es un argumento similar al de las “armas de
destrucción masiva” en posesión de Saddam Hussein para justificar la
agresión contra Irak.

La Royal Air Force no está en su primer ejercicio en la materia. En
octubre de 1944, al retirarse los alemanes de Grecia, los comunistas
griegos y sus aliados (el ELAS), la fuerza más importante de la
resistencia contra la ocupación nazi, controlaban Atenas y podían formar
un gobierno. El primer ministro inglés Churchill ordenó entonces el
desembarco de tropas británicas en Grecia y el bombardeo por la RAF de
los barrios populares de Atenas para impedir el acceso de los comunistas
al poder. El resultado fue que en Grecia se restableció la monarquía y
se formó un gobierno de centro-derecha.

En julio de 1956 el presidente de Egipto Gamal Abdel Nasser nacionalizó
el canal de Suez. En octubre del mismo año Gran Bretaña (Gobierno
conservador de Anthony Eden) Francia (Gobierno socialista de Guy Mollet)
e Israel (Gobierno de Ben Gurion) agredieron militarmente a Egipto con
el propósito de apoderarse del Canal de Suez pero, sin el apoyo de
Estados Unidos, fallaron en el intento.

V. Los hechos son así: testarudos. Pero los teóricos “izquierdistas” del
papel favorable a los derechos humanos de las grandes potencias
sostienen sin pestañar que los hechos confirman sus puntos de vista. Y
que quienes cierran los ojos ante la realidad son los otros
(izquierdistas anacrónicos “apegados a antiguos clichés”): “Hay que ir
contra la realidad, de otra manera la realidad se transforma en una
molestosa pesadilla y lo mejor es obviarla” (Abel Samir, ¿Qué hay de
cierto que es el crudo, lo que impulsó a Obama a la guerra contra
Gadafi?, Argenpress, 23 de junio) .

Ya Samir en un artículo publicado en Argenpress del 13 de junio escribía
lo siguiente:

“...Y estos izquierdistas se han constituido en una pléyade de
individuos, partidos, organizaciones, periódicos, páginas de internet,
que se quedaron atascados en eslóganes, clichés y declaraciones
ampulosas contra el Imperio norteamericano y sus aliados, no importando
que este imperio actúe en algunos casos en defensa de derechos humanos,
aunque no lo haga por doctrina, sino por otros intereses encubiertos,
como el dominio geopolítico de una zona del mundo o la defensa de su
posición predominante en una región en la que han dominado por muchas
décadas”.

Para llegar a esta conclusión Samir, además de decretar, como lo hace,
la invalidez del análisis leninista del imperialismo en el siglo XXI,
tendría que probar que el imperio actúa en algunos casos en defensa de
los derechos humanos. No puede hacerlo. En cambio es fácil demostrar que
el imperialismo, yanqui u otro, actúa SIEMPRE contra los derechos
humanos, ya sea complotando contra y/o volteando gobiernos progresistas
o apoyando dictaduras cuando así conviene a sus intereses.

Ellos mismos lo dicen: Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses.

Algunas ejemplos de intervenciones imperialistas:

Intervención de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en el golpe de
estado de 1953 en Irán contra el gobierno del Dr. Mossadegh, que había
nacionalizado el petróleo; invasión a Guatemala en 1954 por una fuerza
armada promovida y financiada por la CIA y la United Fruit; invasión a
Santo Domingo en 1965; golpe de Estado en Chile en 1973; invasión a
Granada en 1983; invasión a Panamá en 1989; expulsión de Aristide de
Haití en 2004 mediante una acción conjunta de Estados Unidos y de
Francia. En África en el momento de la descolonización surgieron líderes
como Patrice Lumumba, Kwame Nkrumah, Amílcar Cabral y Jomo Kenyatta, que
bregaron por una vía independiente para sus pueblos, contraria a los
intereses de las ex metrópolis y de sus grandes empresas. Todos ellos
fueron derrocados o asesinados, como Lumumba y Cabral, y reemplazados
por dirigentes dictatoriales, corruptos y fieles a las grandes potencias
neocoloniales.

El imperialismo agresor y expoliador es la fase actual que caracteriza
al capitalismo en su conjunto (lo que algunos llaman mundialización) y
sus usufructuarios lo defienden con uñas y dientes sin importarles en
absoluto los derechos humanos de sus propios pueblos y menos aún los
derechos humanos de otros pueblos.

Samir se dedica en su artículo del 23 de junio a “desentrañar la
estructura económica y política en la cual se desenvuelve USA”... “Pues
bien, la clase dominante del Imperio está agrupada fundamentalmente en
dos partidos políticos: los demócratas y los republicanos. Estos últimos
representan los intereses más reaccionarios de ese gran país. Entre sus
filas están, sino los dueños de las grandes empresas petroleras
norteamericanas, los representantes políticos de esos capitalistas o
consorcios económicos convertidos en empresas multinacionales y
transnacionales. Especialmente las grandes empresas petroleras. Por
tanto, si el apoderarse de las riquezas petroleras de Libia habría sido
la motivación fundamental para la participación de USA en la guerra
civil libia, al lado de los rebeldes, ese partido republicano sería,
como es lo más cuerdo y lógico, el más interesado en que USA se
involucrase en la guerra y en ganarla lo más luego posible”...

Es cierto que el papel del capital industrial se reforzó
considerablemente durante la administración Bush, sobre todo el de las
industrias petrolera y de armamentos. En el gobierno de Bush estaban
ampliamente representadas ambas industrias.

Con Obama recuperó la primacía el capital financiero pero ello no
autoriza a decir que hay intereses o estrategias contradictorias entre
republicanos y demócratas, como no hay contradicción de fondo entre el
capital industrial y el capital financiero, pues la fusión entre ambos
caracteriza a la etapa imperialista del capitalismo y al surgimiento de
las empresas transnacionales, como ya lo señalaron Hilferding en 1910
(El capital financiero) y Lenin en 1916 (El imperialismo fase superior
del capitalismo). No hay que olvidar que con Obama el presupuesto
militar estadounidense continuó y continúa aumentando.

De modo que no tiene sentido alguno sostener que los republicanos son
los halcones reaccionarios representantes políticos de los capitalistas
y consorcios transnacionales y los demócratas las palomas defensoras de
los derechos humanos. Cabe recordar que la invasión de Bahía de Cochinos
se produjo durante el Gobierno demócrata de Kennedy y que Clinton,
también demócrata, gobernaba ese “gran país” –como lo llama Samir-
cuando cuando Estados Unidos promovió el golpe de estado en Haití en
1991, desató la guerra contra Yugoslavia (Madeleine Albright,
representante de Clinton, fue quien hizo fracasar las negociaciones de
Rambouillet entre Yugoslavia y la Unión Europea ) y emprendió la Guerra
del Golfo.

Con el demócrata Obama cambió la forma pero no el fondo de ese tipo de
operativos. El golpe en Honduras de junio de 2009 fue criticado por el
Gobierno estadounidense, que apoyó las decisiones de los organismos
internacionales (ONU y OEA) exigiendo la reposición del presidente
repuesto. Pero es incontestable que sin la luz verde de Estados Unidos
el golpe no se hubiera producido, pues dicho país tiene el control de
las fuerzas armadas hondureñas a través de su base miltar de Soto Cano,
esencial para la geopolítica subregional de Estados Unidos. Desde allí
se proporcionaba apoyo logístico a los “contras” de Nicaragua durante el
gobierno sandinista.

Sostiene Samir que la oposición de una mayoría de republicanos y
demócratas en el Congreso a continuar la guerra contra Libia se debe a
que estos consideran que no hay intereses estadounidenses en juego en
Libia (sólo habría propósitos humanitarios). Olvida Samir dos cosas: la
primera es que se aproximan las elecciones en Estados Unidos y los
congresistas se tendrán que presentar ante los electores y rendir
cuentas también sobre esta guerra impopular, pese a la escasa
participación yanqui. Y la segunda es que Estados Unidos está al borde
de la cesación de pagos con una deuda de 15 billones de dólares.

Es por eso que Obama, después de lanzar unos cien misiles Tomahawk sobre
Libia, al parecer con uranio empobrecido, le dejó el peso principal de
la agresión a su aliado Cameron y a su caniche Sarkozy, “el americano”,
quien hizo el mal cálculo que una “blitzkrieg” contra Kadafi lo
remontaría en los sondeos de opinión con vistas a las próximas elecciones.

Samir escribe: ... “Entonces no faltaron los que decían que por qué USA
y la OTAN no se involucraban también en Arabia Saudita, en Yemen, Siria
y otros lugares. Desde luego, con USA y la OTAN metidos hasta las orejas
en el fango de Irak y Afganistán, no están en condiciones de, además de
participar en Libia, meterse en otros pantanos”.

Samir tiene razón en parte: los imperialistas están- loado sea Dios-
empantanados.

Pero si no intervienen en Bahrein, Yemen y Arabia Saudita es porque se
trata de dictaduras amigas. En Bahrein está basada la Quinta flota de la
Marina yanqui. Arabia Saudita, amiga de siempre de los Estados Unidos,
envió en marzo tropas a Bahrein para poner un término a las
manifestaciones de la mayoría chiita.

Samir afirma: “Las confrontaciones armadas entre las potencias que
enunció Lenin ya no ocurren y se busca la integración de los Estados en
grandes entidades de países interrelacionados por el modelo de su
economía y por cierto, políticamente unidos, como lo es la UE. A USA no
le interesa hoy otra cosa que mantener su supremacía en aras de dominar
la política mundial y mantener así, también, un desarrollo y progreso
tecnológico y económico de punta. La confrontación armada estaría de esa
forma fuera de lugar. Así hoy podemos ver que hay en el mundo actual
cuatro grandes formaciones de Estados que pujan en el área política y
económica, pero que de todas maneras no sólo se respetan unos a otros,
sino que, también, participan de una u otra forma en las ventajas del
sistema capitalista”.

Las grandes potencias competirían respetuosamente entre ellas para
mantener su supremacía y un “desarrollo y progreso tecnológico y
económico de punta” participando todas en “las ventajas del sistema
capitalista”. Indudablemente el capitalismo tiene sus ventajas...para
quienes están en la cúspide de la pirámide social.

Samir no se enteró que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial
murieron unas 30 millones de personas en conflictos armados, ya sea en
guerras colonialistas emprendidas directamente por las grandes potencias
o en disputas interiimperialistas por el control de los recursos
naturales de países pobres, libradas en forma de guerras locales. Según
la revista médica inglesa The Lancet de enero 2006, sólo en la República
Democrática del Congo diez años de guerra civil han costado la vida a
entre 3,5 y 4,5 millones de personas. El Congo tiene la desgracia de
poseer un subsuelo enormemente rico en minerales estratégicos. En Ruanda
los genocidas de 800.000 personas fueron protegidos en su retirada por
el ejército francés (Operación Turquoise). Un grupo de investigadores de
la Universidad Brown acaba de publicar una evaluación del costo
financiero y humano de las guerras emprendidas por Estados Unidos desde
2001 en Irak, Afganistán y Pakistán. Calculan el número de muertos en
acciones militares en 225.000, los desplazados en unos 8 millones y el
costo financiero en algo más de dos billones de dólares (véase
http://costsofwar.org/).

Agrega Samir: “Los que ven que la guerra es hoy el remedio para hacer
buenos negocios no saben de lo que están hablando”.

Contrariamente a lo que afirma Samir la guerra es una opción recurrente
del capital monopolista en los momentos de crisis económica, porque es
una manera de reactivar la producción industrial sin necesidad de
reactivar la demanda (el Estado compra la producción de armamentos con
el dinero del contribuyente sin consultarlo y la población del enemigo
elegido "consume", por cierto involuntariamente, las bombas que recibe
sobre su cabeza). Y después de la guerra los grandes monopolios de la
industria civil acaparan el negocio de la reconstrucción y de la "ayuda
humanitaria".

En su libro "Capitalismo, Socialismo y Democracia" (1942), el economista
Joseph Schumpeter afirmaba que "el capitalismo es por naturaleza una
forma o método de cambio económico" de sustitución de lo viejo por lo
nuevo, a lo que denominaba "destrucción creativa" (nuevos consumidores,
nuevos bienes, nuevos métodos de producción o transporte, nuevos
mercados, nuevas formas de organización industrial, etc.). La guerra
sería la forma más drástica de "destrucción creativa" inherente al
capitalismo

Además, la industria de armamentos está siempre interesada en colocar su
producción, en ensayar sus nuevos productos en condiciones reales
(guerras del Golfo, de Yugoslavia y de Afganistán, agresión a Irak,
agresión a Gaza, a Libia, etc.) y en ampliar sus mercados, por ejemplo a
través de la incorporación de nuevos países a la OTAN: el presidente del
«comité americano por la ampliación de la OTAN » es el vicepresidente de
la Lockheed Martin, empresa que ocupa el segundo puesto entre los más
grandes fabricantes y vendedores de armamentos en el mundo.

Según el Informe anual del año 2010 del Stockholm International Peace
Research Institute (SIPRI) en 2009 los gastos militares en el mundo
ascendieron a un billón 531 mil millones de dólares, 6 por ciento más
que en 2008 y 49 por ciento más que en el 2000. El gasto militar de 2009
representó el 2,7 % del PNB mundial del mismo año.

Siempre según el SIPRI en 2008 se vendieron armas en el mundo por 384
mil millones de dólares, 352 mil millones, es decir el 90%, fueron
ventas efectuadas por empresas de Estados Unidos (230 mil millones) y de
Europa Occidental (122 mil millones).

VI. Samir suscribe la teoría –contraria a la realidad de los hechos- de
la “desnacionalización” del poder económico transnacional y de la
emergencia de una sola clase dirigente mundializada:

“Es muy difícil hoy saber con exactitud a quiénes pertenecen las grandes
empresas multinacionales, toda vez que, como su misma denominación lo
indica, son capitales de muchos países o de capitalistas de diferentes
naciones y no siempre de capitalistas de un solo país. Empresas que
parecen inglesas tienen capitales alemanes, italianos, turcos, chinos,
japoneses, etc. Y así ocurre en la gran mayoría de las empresas
transnacionales. El capital hoy es más internacional que nunca. Por
tanto, se comparte intereses de todo tipo, porque lo único que mueve a
esos capitalistas es hacer buenos negocios y ganar el máximo de dinero
posible”.

Las clases dirigentes a escala mundial convergen en el objetivo
estratégico mayor de preservar el sistema, al mismo tiempo compiten
ferozmente entre ellas.

Las relaciones entre las sociedades transnacionales son una combinación
de una guerra implacable por el control de mercados o zonas de
influencia, de absorciones o adquisiciones forzadas o consentidas, de
fusiones o ententes y del intento permanente pero nunca logrado de
establecer reglas privadas y voluntarias de juego limpio entre ellas.
Porque la verdadera ley suprema de las relaciones entre las sociedades
transnacionales es "devorar o ser devorados".

Las sociedades transnacionales son versátiles y polifacéticas y cambian
con frecuencia de nombre. Esto sucede ya sea como resultado de fusiones
o, aunque sigan siendo las mismas sociedades, como una manera de tratar
de hacerse olvidar por el público después de haber adquirido una mala
reputación a causa de su intervención en delitos financieros o
económicos o en graves violaciones a los derechos humanos

Pero las fusiones, las deslocalizaciones y los cambios de nombre no
significa que las sociedades transnacionales se hayan convertido en
entes virtuales e inaprehensibles. Es cierto que su imagen se fue
despersonalizando al constituirse como sociedades anónimas con relación
a la época en que un monopolio se identificaba con un nombre propio
(Rockefeller, Mellon, etc.). Pero también es cierto que aún hoy siguen
teniendo componentes reales y tangibles: capital, sede principal,
dirigentes responsables, etc.

Una prueba adicional de su existencia determinable en coordenadas
espacio-temporales es su presencia e influencia en organismos y
reuniones internacionales, en el papel determinante que ejercen en las
orientaciones de los organismos financieros internacionales y en la
Organización Mundial del Comercio a través de los representantes de las
grandes potencias y de sus propios equipos de juristas y economistas y
en la influencia que ejercen en las orientaciones económico-financieras
y en la política general de casi todos los Estados del planeta. Su
existencia real y tangible se manifiesta también en el cuasi monopolio
que detentan sobre los medios masivos de comunicación...

Pueden tener su domicilio en uno o varios países: en el de la sede real
de la entidad madre, en el de la implantación principal de las
actividades y/o en el país donde ha sido registrada la sociedad.

Pero siempre puede identificarse una nacionalidad de la sociedad
transnacional, en el sentido de que hay un Estado que la sostiene y
defiende sus intereses frente a otros Estados por medios políticos,
militares y otros.

Y también defiende sus intereses en los organismos intergubernamentales
tales como la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario
Internacional y el Banco Mundial.

Como dato complementario que confirma la BASE NACIONAL DE LAS EMPRESAS
TRANSNACIONALES: la crisis financiera ha mostrado cómo los Gobiernos de
las grandes potencias han destinado cientos de miles de millones de
dólares a salvar A SUS PROPIOS BANCOS Y NO A LOS BANCOS DEL VECINO.

Lenin sigue teniendo, en lo esencial, plena actualidad.

Escribía en 1916: “El capitalismo se ha transformado en un sistema
universal de opresión colonial y de estrangulación financiera de la
inmensa mayoría de la población del planeta por un puñado de países
“avanzados”. Este “botín” se reparte entre dos o tres potencias rapaces
de poderío mundial, armadas hasta los dientes (Estados Unidos,
Inglaterra, Japón) que, por el reparto de su botín arrastran a su guerra
a todo el mundo” (El imperialismo, fase superior del capitalismo.
Prólogo a las ediciones francesa y alemana de julio de 1920, párrafo II).

VII. Conclusión

La violación de los derechos humanos de las personas y de los pueblos es
inherente al capitalismo en su fase imperialista. Como regla general,
las dictaduras son sostenidas e incluso promovidas por las potencias
imperialistas. Y cuando los pueblos quieren emprender el camino de su
liberación nacional y social, las grandes potencias, que ven amenazados
sus intereses y de los capitales monopolistas que representan, los
agreden por todos los medios. Ahí están los hechos para probarlo.

De modo que el eje fundamental de la solidaridad internacional con los
pueblos que luchan por sus derechos y libertades debe ser el combate
contra el capitalismo imperialista, enemigo común de toda la humanidad.
Rechazando la trampa ideológica del imperialismo “humanitario”.

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